En consulta solemos ver cómo se ha arrastrado durante años una visión excesivamente ginecológica y reduccionista del Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP), conocido previamente como SOP.

Se trata de una de las condiciones más comunes en la salud femenina, y el clásico esquema de tomar pastillas anticonceptivas y hacer dieta para perder peso ha demostrado quedarse muy corto. Por eso, como profesionales de la nutrición, necesitamos dejar de mirar el útero como el origen del problema y empezar a entenderlo como la víctima de un engranaje sistémico mucho más complejo.
El reto al que nos enfrentamos los nutris es cambiar el chip, para ofrecer una mirada mucho más profunda. El paradigma está cambiando de forma radical, y actualizar nuestro enfoque es el primer paso para ofrecer respuestas reales a nuestras pacientes.
Qué es realmente el SOMP
Para comenzar a entender qué es el SOMP, es importante desterrar la idea de que estamos ante una patología puramente ovárica. Este síndrome es un trastorno endocrino-metabólico complejo, de carácter sistémico y con una sólida base genética y epigenética.
Realmente, se trata de una tendencia o predisposición personal que se lleva dentro, pero cuya intensidad y sintomatología varían enormemente según el contexto de la paciente. De hecho, a lo largo de la vida de una misma mujer, el síndrome puede pasar por épocas de latencia y otras de gran expresión de síntomas. Que esta tendencia se atenúe o se agrave depende de factores biológicos que cambian con la edad (como la caída natural de los andrógenos adrenales), pero sobre todo de variables metabólicas, ambientales y conductuales que están bajo nuestro control.
El SOMP altera desde la gestión de la energía hasta el propio sistema nervioso. Desde este enfoque, iremos desgranando cada uno de los puntos clave del síndrome para que podamos comprenderlo y abordarlo en consulta desde una visión integral.
Causas y factores desencadenantes
No existe una única causa directa, ya que el SOMP es un desorden multifactorial complejo. Para entender dónde reside nuestro margen de maniobra, debemos diferenciar tres niveles de afectación: la causa primaria (la bala), los desencadenantes neuroendocrinos (los que aprietan el gatillo de la pistola) y los agravantes sistémicos (los amplificadores del disparo).
Causas primarias
Las causas primarias serían como las balas que vienen de serie. Sin esta base biológica, una paciente jamás desarrollará un SOMP.
- Predisposición hereditaria y etnia
Se nace con una tendencia personal y una susceptibilidad genética documentada, siendo especialmente prevalente en mujeres de etnia hispánica. Si esta firma genética no está presente, los factores ambientales por sí solos no desarrollarán el síndrome.
- Programación prenatal
La exposición intrauterina a niveles elevados de andrógenos maternos o a una disfunción placentaria puede alterar la expresión génica del feto, programando los ejes hormonales y metabólicos de la paciente antes de su nacimiento.
Desencadenantes neuroendocrinos del SOMP
Los desencadenantes neuroendocrinos son los que aprietan el gatillo. Es decir, son los factores del entorno que interactúan de forma directa con el sistema nervioso central y los receptores hormonales, despertando o agravando la predisposición genética al desarrollo del síndrome. Como desencadenantes, encontramos:
- Estrés crónico, sobreexigencia y carga alostática
Nuestro cuerpo no está biológicamente preparado para asumir un estilo de vida hiperproductivo. Normalizar y sostener en el tiempo la exigencia laboral, la conciliación, el descanso deficiente, el sobreentrenamiento o la restricción energética inconsciente mantiene al organismo en un estado de amenaza constante.
Este desgaste, ya sea físico o mental, del que muchas veces no somos conscientes, altera directamente el hipotálamo a través del cortisol y la hormona liberadora de corticotropina (CRH), lo que modifica la pulsatilidad de la GnRH (Hormona Liberadora de Gonadotropinas) y obliga a las glándulas adrenales a producir andrógenos (DHEA-S), un fenómeno muy común en adolescentes y mujeres jóvenes.
- Exposición a disruptores endocrinos
Hay compuestos químicos presentes en nuestro día a día, como los plásticos de los tapers y botellas (bisfenoles), la cosmética convencional (ftalatos) o los pesticidas de los alimentos, que tienen una estructura tan similar a la de nuestras hormonas que son capaces de unirse a sus receptores celulares. Su peligro radica en que pueden inhibir la actividad de la aromatasa en el tejido ovárico. Al bloquear esta enzima, se interrumpe la conversión fisiológica de andrógenos en estrógenos y, como consecuencia, el microambiente del ovario se vuelve marcadamente androgénico y se frena el desarrollo folicular normal.
- Hábitos que alteran los ritmos circadianos
La cronodisrupción (trabajo por turnos, jet lag social o exposición a luz azul nocturna) desajusta los picos fisiológicos de melatonina y cortisol, lo que cronifica la desregulación neuroendocrina central.
Amplificadores metabólicos del SOMP
Por último, los amplificadores metabólicos serían los factores que echan más gasolina al fuego. A diferencia de los desencadenantes neuroendocrinos (los gatillos), estos factores no engañan a los receptores ni alteran el hipotálamo de forma directa, sino que modifican el terreno donde operan las hormonas, amplificando el síndrome. Estos amplificadores son:
- Desajuste entre la carga glucémica de la alimentación y la tolerancia metabólica
Debido a la resistencia a la insulina (RI) de base genética, muchas pacientes tienen un umbral de tolerancia a los carbohidratos marcadamente deprimido. Si a esta condición le sumamos el sedentarismo (que reduce la sensibilidad a la insulina en el tejido muscular), una alimentación con un aporte de carbohidratos aparentemente saludable puede representar, para algunas mujeres con SOMP, una sobrecarga insostenible. Por eso, es un error común asumir que la amplificación androgénica mediada por la insulina solo se activa con dietas ricas en ultraprocesados o azúcares refinados.
El páncreas responde a esta sobrecarga fabricando más insulina (hiperinsulinemia compensatoria), y este exceso de hormona termina impactando en el organismo mediante dos vías:
- Aumenta la producción de testosterona. La insulina alta estimula directamente a las células de la teca (las fábricas de andrógenos del ovario). Al unirse a ellas, potencia la acción de la LH, obligándolas a producir testosterona en exceso.
- Disminuye su transporte en sangre. Para que la testosterona no cause estragos, el hígado fabrica una proteína llamada SHBG que se encarga de atraparla y transportarla de forma segura. La insulina alta frena la producción de SHBG en el hígado, lo que contribuye a que haya más testosterona libre y activa en sangre (profundizaremos sobre este punto en el apartado de analíticas).
- Obesidad y adiposidad disfuncional
Aunque la obesidad no es una causa del SOMP, sí es su mayor amplificador. El tejido adiposo visceral libera ácidos grasos libres y adipocinas inflamatorias que bloquean los receptores de insulina y empeoran drásticamente la resistencia a la insulina periférica. Esto explica por qué una paciente con normopeso puede sufrir SOMP, pero si esa misma mujer desarrolla un exceso de grasa visceral, esta grasa actuará como un foco de inflamación constante que agravará toda su sintomatología androgénica.
- Disbiosis gastrointestinal
Factores como el estrés crónico, el sedentarismo, el uso de fármacos (como antibióticos o anticonceptivos) y un patrón alimentario bajo en fibra fermentable y rico en ultraprocesados agreden directamente al ecosistema intestinal.
La pérdida de diversidad en la microbiota debilita la barrera intestinal, permitiendo el paso de lipopolisacáridos (LPS) a la circulación. Esta endotoxemia metabólica dispara la inflamación crónica de bajo grado y reduce los ácidos grasos de cadena corta (SCFA), empeorando la resistencia a la insulina en todo el cuerpo.
Fisiopatología neuroendocrina
El SOMP engloba una pérdida de sincronización central. Para entender por qué se desajusta el sistema en nuestras pacientes, es importante recordar cómo funciona el eje hipotálamo-hipófisis-gonadal (HHG):
- El hipotálamo: Libera GnRH de forma pulsátil a la circulación portal.
- Hipófisis anterior: Recibe la GnRH y estimula a las células gonadotropas (que son bihormonales).
- Liberación de LH y FSH: Las células gonadotropas de la hipófisis funcionan por tendencias según la velocidad del pulso de la GNRH. Si el pulso de GnRH es lento, la hipófisis produce FSH (hormona foliculoestimulante), pero si el pulso es rápido, prioriza la producción de LH (hormona luteinizante).
- Ovario: Estas gonadotropinas (LH, FSH) viajan por sangre y actúan como la «llave» que estimula a las células ováricas para fabricar las hormonas sexuales finales, que serán el estradiol, progesterona y andrógenos (principalmente testosterona y androstenediona).
Cuando los desencadenantes neuroendocrinos nombrados en el punto anterior entran en juego, se produce una especie de cortocircuito en el eje HHG.
En el SOMP, los pulsos de GnRH se vuelven anormalmente rápidos y continuos. Al acelerarse el pulso, la hipófisis entra en una tendencia de sobreproducción de LH, reduciendo la síntesis de FSH. En consulta, esto se traduce en la famosa inversión del ratio LH/FSH que vemos en tantas analíticas.
¿Y cuál es la consecuencia real de este desajuste a nivel ovárico?:
- El exceso crónico de LH sobreestimula a las células de la teca (la capa celular externa del folículo), que responden fabricando andrógenos.
- Al mismo tiempo, el déficit relativo de FSH deja bajo mínimos a las células de la granulosa (las células que rodean al óvulo y se encargan de su maduración). Al no recibir suficiente señal, estas células no logran expresar suficiente enzima aromatasa para convertir (aromatizar) los andrógenos en estrógenos.
Por consiguiente, el microambiente del ovario se vuelve marcadamente androgénico, bloqueando la maduración folicular óptima. En consulta, este es un punto explica por qué, incluso en pacientes que presentan ciclos aparentemente regulares y ovulatorios, podemos encontrarnos en el laboratorio con una calidad ovocitaria deficiente o problemas de fertilidad subyacentes.
Para colmo, en muchas de nuestras pacientes el sistema entra en un bucle de retroalimentación negativa. El exceso de andrógenos circulantes viaja de vuelta al sistema nervioso central y puede generar una resistencia a la progesterona en el hipotálamo. La progesterona, que gana presencia tras la ovulación, es la encargada de enlentecer los pulsos de GnRH. Al desarrollarse esta resistencia central a la progesterona, el hipotálamo pierde su modulador y mantiene de forma crónica los pulsos acelerados.
El hiperandrogenismo pasa así de ser una consecuencia a un factor que perpetúa la disfunción. Que este bucle tienda a cronificarse no significa que sea irreversible, pero es cierto que se trata de un círculo vicioso del que el cuerpo no saldrá por sí solo. Nuestro reto en consulta es romper ese esquema neuroendocrino. A lo largo del post veremos herramientas para ello.
Manifestaciones clínicas
El desajuste neuroendocrino y el ambiente androgénico que acabamos de describir no se quedan en el plano teórico, sino que se traducen en un abanico de signos y síntomas metabólicos, dermatológicos y reproductivos muy heterogéneo. Encontramos:
1. Alteraciones del ritmo menstrual y de la ovulación
En consulta solemos ver tres escenarios:
- Oligomenorrea: Ciclos marcadamente largos (superiores a 35 días). Es el patrón más común.
- Amenorrea secundaria: Ausencia total de menstruación durante más de 3 meses consecutivos.
- Polimenorrea y patrones complejos: Ciclos muy cortos con dos sangrados en el mismo mes, provocados por baches de caída estrogénica en folículos que intentan arrancar pero no logran culminar la ovulación.
Aunque el SOMP es la principal causa de infertilidad anovulatoria, tener este síndrome no es sinónimo de no ovular. Muchas pacientes ovulan perfectamente, solo que sus folículos pueden tardan mucho más tiempo en completar el proceso y la ventana se desplaza.
2. Hiperandrogenismo clínico y expresión cutánea
Impacto del exceso de testosterona libre y androstenediona en los receptores de la unidad pilosebácea. En nuestra consulta podemos recoger información sobre las siguientes manifestaciones:
- Hirsutismo: Vello terminal en zonas androgénicas (línea alba, mentón, tórax). Confirmado en consulta con una puntuación total igual o mayor a 6 en la Escala de Ferriman-Gallwey modificada (link).
- Acné y alopecia androgénica: Pérdida difusa de densidad capilar con patrón de distribución femenino (ensanchamiento de la línea media).
- Adrenarquia prematura: Vello púbico/axilar o cambios de olor corporal antes de los 8 años. Un antecedente clínico que revela hiperactividad suprarrenal intrínseca desde la infancia.
3. Inflexibilidad metabólica y composición corporal
El impacto del SOMP altera el tejido adiposo y la función mitocondrial, dando lugar a dos manifestaciones clínicas interconectadas:
- Inflexibilidad metabólica: Disfunción mitocondrial crónica que impide a la atleta alternar eficientemente entre sustratos energéticos. ¿El resultado en carrera? Una dependencia absoluta del glucógeno incluso a bajas intensidades, fatiga prematura y mayor riesgo de las temidas pájaras.
- Adiposidad central (Lean PCOS): El entorno hiperandrogénico redistribuye la grasa hacia la zona visceral (patrón androide, en forma de manzana). Incluso con un IMC normopeso, el plicómetro revela grasa subcutánea rebelde y un perímetro de cintura aumentado, marcadores clínicos de inflamación de bajo grado y resistencia a la insulina.
Diagnóstico y criterios de exclusión
La evolución de un diagnóstico confuso
El primer problema en consulta suele empezar con el propio diagnóstico, y es que llegar a un consenso sobre cómo etiquetar esta condición ha llevado décadas de debate médico. Esto explica por qué muchas pacientes llegan a nuestros servicios con diagnósticos contradictorios dependiendo del ginecólogo/a que le haya evaluado.
Esta confusión no es culpa de los profesionales, sino de una perspectiva histórica que ha tratado esta condición como un cajón desastre con criterios clínicos cambiantes. Diferenciamos 3 criterios principales:
- 1990 (Criterios del NIH): Una visión extremadamente rígida. Se centraba de forma exclusiva en las alteraciones de la ovulación (oligo/amenorrea) y en signos clínicos de hiperandrogenismo.
- 2003 (Criterios de Róterdam): Aquí se añadieron matices clave y la ecografía transvaginal entró oficialmente en el mapa. El diagnóstico entonces se abrió a un sistema de combinatorias que intentaba encajar la diversidad de síntomas.
- Criterios de la AE-PCOS Society: Postularon que el hiperandrogenismo es el eje central e innegociable de la patología, obligando a que coexista con disfunción ovárica, morfología poliquística o ambas.
El fin del SOP: Por qué el cambio a SOMP hace justicia a la fisiología
El verdadero punto de inflexión definitivo ha ocurrido hace nada, el pasado mes de mayo de este año 2026. Tras 14 años de trabajo cooperativo internacional, encuestas a miles de profesionales y el respaldo de más de 50 sociedades científicas mundiales, un macroconsenso publicado en The Lancet (link) ha oficializado el fin del término «SOP» para sustituirlo por SOMP (Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino).
No es un simple cambio de siglas. Es un acto de justicia con la fisiología que rompe con dos grandes limitaciones históricas para unificar los criterios bajo un único marco global.
¿Por qué? Pues porque este cambio de paradigma se asienta sobre cuatro pilares:
1. Desplaza el foco de los quistes y del aparato reproductor
Si el propio nombre histórico indicaba «Poliquístico», es completamente normal que una paciente llegue asustada y pensando que síndrome requiere tener quistes o masas peligrosas.
Este cambio hace justicia a la fisiología celular, pues en ningún caso hay quistes. Lo que realmente observamos en la ecografía es una acumulación de folículos debido a una interrupción en su desarrollo normal, algo que además ni siquiera ocurre en todos los casos.
Al eliminar esta nomenclatura errónea, el ovario deja de ser el epicentro del problema para pasar a ser un órgano diana que sufre las consecuencias de una disfunción endocrina mucho más profunda.
2. Enfoque integral con prioridad en la raíz metabólica y endocrina
El término poliendocrino y metabólico desmantela por fin el enfoque puramente ginecológico que ha encasillado a esta condición durante décadas.
En la práctica diaria, sabemos que la desregulación metabólica, marcada por la resistencia a la insulina periférica, la hiperinsulinemia compensatoria y la inflamación de bajo grado, no es una consecuencia secundaria de la patología sino que es la verdadera raíz del problema.
Ahora desplazamos la mirada principal del útero para ponerla, con prioridad absoluta, en el sistema metabólico con el objetivo de regular la función endocrina.
3. Cambia la línea de tratamiento: De la píldora anticonceptiva al estilo de vida.
Al haberse gestionado históricamente como un problema puramente ginecológico, el tratamiento por defecto en consulta médica solía limitarse a recetar anticonceptivos orales para «regular» el ciclo de forma artificial. En este sentido, no es que esté mal tomar pastillas anticonceptivas, pues por supuesto tienen su espacio clínico bajo supervisión médica. El quid de la cuestión es evitar que, al camuflar el síntoma mediante un sangrado por deprivación, ignoremos la raíz endocrina.
Gracias a este nuevo consenso, el abordaje clínico da un giro de 180 grados. Ahora la terapia nutricional personalizada, la gestión de la carga energética y el entrenamiento de fuerza se consolidan como la terapia médica de primera línea. Y no, no es una exageración sesgada por el hecho de ser nutricionistas. Las guías clínicas internacionales más rigurosas (como el Consenso Internacional de Monash) otorgan a la intervención nutricional y al ejercicio físico una recomendación Clase I (Evidencia A).
Aquí es donde está nuestro reto como nutricionistas. Nuestro objetivo debe ser mejorar la función ovárica recuperando la sensibilidad a la insulina y la flexibilidad metabólica desde la base del estilo de vida.
4. Reducción del retraso diagnóstico
Hasta ahora, la rigidez de los criterios tradicionales provocaba que cerca del 70% de las mujeres con esta condición sufrieran años de retraso en su diagnóstico. Además, el sistema tiende a prestar atención real al perder la regla o al enfrentar problemas de fertilidad al buscar un embarazo. Llegábamos tardísimo.
Ahora el nuevo consenso de SOMP amplía el foco a la endocrinología global y nos dota de herramientas para que nosotros, como nutricionistas, podamos encender las alarmas que ayuden a detectar esta condición de forma mucho más temprana.
Algunas de estas herramientas serían aplicar la escala de Ferriman-Gallwey modificada para evaluar el hiperandrogenismo clínico a través del vello terminal, buscar signos visuales de resistencia a la insulina como la Acanthosis Nigricans en pliegues cutáneos, o cruzar marcadores metabólicos en analíticas (como el índice HOMA-IR o la ratio LH/FSH) incluso en pacientes que siguen ovulando de forma regular.
Criterios actuales para diagnosticar SOMP
Para diagnosticar formalmente el SOMP se mantiene la necesidad estructural de cumplir al menos 2 de los 3 pilares clínicos clásicos (Criterios de Róterdam). Sin embargo, la gran actualización metodológica radica en que ya no los analizamos como compartimentos estancos, sino bajo una perspectiva profundamente endocrina.
Como nutricionistas, nuestro papel en consulta empieza por desgranar minuciosamente estos tres bloques de evaluación:
- Hiperandrogenismo: Exceso de andrógenos que debemos desglosar en dos vías independientes:
- Clínico: Manifestado a través de acné severo, alopecia androgénica o hirsutismo (evaluado con la Escala de Ferriman-Gallwey modificada, donde un punto de corte ≥ 6 ya es indicativo en población mediterránea).
- Bioquímico: Evidenciado en analítica sanguínea mediante la elevación de la testosterona total, la testosterona libre, el Índice de Andrógenos Libres (FAI) o el sulfato de dehidroepiandrosterona (DHEA-S).
- Alteraciones de la ovulación: Manifestada principalmente por oligomenorrea (ciclos marcadamente largos, superiores a 35 días) o amenorrea secundaria (ausencia de menstruación durante más de 3 meses). Este punto nos exige realizar siempre un diagnóstico diferencial para excluir una Amenorrea Hipotalámica Funcional (AHF).
- Morfología de ovario poliquístico (ecografía): Presencia de 12 o más folículos (de entre 2 y 9 mm de diámetro) en al menos un ovario, o un volumen ovárico aumentado superior a los 10 ml, teniendo en cuenta que este número y volumen disminuye de forma natural en mujeres mayores de 40 años.
Los 4 fenotipos de SOMP
La combinación de estos criterios da origen a los 4 fenotipos:
| Fenotipo | Hiperandrogenismo (Clínico/Bioquímico) | Disfunción ovulatoria (Ciclos) | Morfología ecográfica (Folículos) |
|---|---|---|---|
| A – Completo | SÍ | SÍ | SÍ |
| B – Clásico (sin eco) | SÍ | SÍ | NO |
| C – Ovulatorio | SÍ | NO | SÍ |
| D – No androgénico | NO | SÍ | SÍ |
El fenotipo D (no androgénico) responde a la realidad de mujeres que tienen ciclos irregulares y folículos retenidos en la ecografía, pero sus niveles de andrógenos son completamente normales y no muestran signos clínicos. Este fenotipo es el que mayor riesgo tiene de ser infradiagnosticado.
El consenso actual insiste en que desgranar estos fenotipos es obligatorio en nuestra práctica diaria, ya que el riesgo de comorbilidades metabólicas, la disfunción ovulatoria y el origen del hiperandrogenismo varían drásticamente entre ellos.
SOMP metabólico vs no metabólico
Más allá de los nombres de los fenotipos, el verdadero salto cualitativo en la consulta de nutrición ocurre cuando conseguimos diferenciar si el contexto metabólico está influyendo en el SOMP o si está completamente al margen. Esto es clave, ya que sitúa exactamente nuestro margen de influencia y nos dice cuánto tendremos que insistir en mejorar el metabolismo o si el tiro va por otro lado. Podemos diferenciar dos perfiles principales:
- SOMP metabólico
Es el perfil donde el contexto metabólico es el motor o un agravante directo del síndrome. Existe una marcada resistencia a la insulina (RI) de base y tendencia a baja flexibilidad metabólica. Aquí, corregir el entorno metabólico es la prioridad.
En consulta, la anamnesis y la analítica de estas mujeres suelen revelar:
- Analítica: Presentan hiperinsulinemia basal, alteraciones en el índice HOMA-IR > 2.5, niveles elevados de homocisteína y una marcada bajada de la SHBG (lo que dispara la fracción libre de los andrógenos). Bioquímicamente destaca el aumento de la testosterona libre (TL) y de la androstenediona (A), junto a la alteración del ratio LH/FSH.
- Clínica y antropometría: Es habitual encontrar adiposidad central (circunferencia abdominal >88cm), tendencia al aumento del IMC y Acanthosis Nigricans. El sangrado menstrual suele ser anovulatorio y muy abundante debido a una elevada aromatización periférica en el tejido adiposo.
- Otros factores: Es frecuente observar una posible alteración circadiana (cronodisrupción) y una participación activa de cambios en su microbiota intestinal (disbiosis).
- SOMP no metabólico
Engloba a ese 20-30% de pacientes cuyo origen es principalmente adrenal, debido a una hiperactividad suprarrenal intrínseca que suele manifestarse desde la pubertad. Le llamamos «no metabólico» para evitar crear una relación causa-efecto errónea con la insulina.
- Analítica: Los valores de las analíticas metabólicas tradicionales (como insulina basal, HOMA-IR) están en rangos óptimos. Aunque comparten la elevación de la androstenediona (A) y del ratio LH/FSH, la clave bioquímica diferencial es una marcada elevación del DHEA-S (sulfato de dehidroepiandrosterona).
- Clínica y antropometría: suelen presentan un IMC normal, buena masa muscular y clínica de hiperandrogenismo, pero con sangrados anovulatorios notablemente menos abundantes.
- Diagnóstico diferencial: Es importante realizar un diagnóstico diferencial riguroso para excluir una Hiperplasia Suprarrenal Congénita No Clásica (HAC-NO) o una Amenorrea Hipotalámica Funcional (AHF).
- Respuesta al estrés. Suelen presentar una mayor respuesta biológica al estrés.
- Otros factores. Comparten con el perfil metabólico la posible alteración circadiana y de la microbiota, pero añaden una mayor reactividad biológica al estrés (eje HPA hiperactivo).
Como vemos, meter a todas en el mismo saco basándonos en el discurso de que todos los cuadros cursan con resistencia a la insulina es un error clínico. En un perfil no metabólico o en un Fenotipo D, las pautas genéricas dispararán el cortisol y cronificarán la disfunción hormonal.
El mito de los quistes
El término poliquístico era clínicamente inexacto y en consulta solemos ver cómo genera una gran confusión, ya que muchas mujeres atletas piensan que tienen quistes reales o estructuras ajenas a su anatomía que actúan como bultos estorbando en el ovario, pero la realidad ecográfica que nos reportan los informes médicos es muy distinta.
Para tener claro qué ocurre realmente en el ovario, debemos repasar brevemente la fisiología evolutiva de la mujer. Nacemos con una reserva ovárica finita de aproximadamente un millón de ovocitos (folículos primordiales). En la pubertad, esa cantidad se reduce a unos 400.000 o 500.000. De todos ellos, solo unos 400 o 500 llegarán a ovular a lo largo de toda su vida fértil, el resto degenerarán en el camino (morirán por apoptosis, muerte celular, por simple envejecimiento).
Es crucial entender que no podemos generar nuevos ovocitos y que la reserva ovárica envejece de forma continua, independientemente de si hay menstruación o no. Por tanto, los embarazos, la toma de anticonceptivos o periodos de amenorrea no frenan la caída de la reserva ovárica. Este envejecimiento celular se ve acelerado por la carga oxidativa, el daño celular y hábitos tóxicos como el tabaquismo, que adelantan la menopausia.
En cada ciclo menstrual, un grupo de folículos es reclutado para iniciar una primera fase de maduración. Tras este reclutamiento inicial, la FSH entra en juego para activar la maduración antral. Normalmente, varios folículos compiten, pero solo uno (el folículo dominante) madurará por completo, se romperá y liberará el óvulo en la ovulación. Los demás folículos reclutados en ese ciclo que no lo consiguen, degeneran y mueren por apoptosis.
Aquí radica la gran confusión, pues las imágenes de las ecografías no muestra quistes reales, sino folículos (óvulos inmaduros) atrapados en pleno proceso de maduración. Debido al ambiente hormonal del SOMP, donde solemos encontrar un pulso elevado de la LH frente al déficit relativo de la FSH, estos folículos no llegan a ser óvulos maduros pero tampoco logran degenerar, quedando en un limbo celular. Para que puedan morir por apoptosis y ser reabsorbidos, necesitan alcanzar un desarrollo concreto y al no recibir el estímulo correctamente, el proceso se interrumpe y se van acumulando debido a un problema de tráfico neuroendocrino.
Que existan estos folículos retenidos no tiene ninguna implicación peligrosa para la salud de la paciente, sino que es un mero signo clínico diagnóstico. De hecho, es habitual verlos en una ecografía y que en la siguiente hayan desaparecido. Esto ocurre porque el nuevo estímulo hormonal del ciclo posterior les ayuda a madurar lo suficiente para que, finalmente, puedan desencadenar su apoptosis y ser eliminados de forma natural.
A diferencia de otras patologías como la endometriosis, donde el tejido ectópico sí puede invadir y dañar la estructura del ovario por otras causas, en el SOMP lo que vemos es una interrupción del desarrollo folicular normal.
Analíticas: ¿En qué biomarcadores debemos fijarnos?
A la hora de interpretar las analíticas de nuestras pacientes, hay que tener en cuenta que los valores de referencia absolutos de los laboratorios muchas veces se nos quedan cortos. Nuestro objetivo no es emitir un diagnóstico médico, sino leer y comprender las tendencias bioquímicas.
Estas tendencias son las que realmente nos indican cómo está funcionando el organismo de la deportista, hacia dónde se dirige su fisiología ante los diferentes estímulos (como el entrenamiento o el estrés) y, lo más importante, cómo podemos modularla y mejorar su función a través de la nutrición.
Los marcadores en los que debemos poner la lupa son los siguientes:
1. Valores de andrógenos
No todos los excesos de andrógenos nacen en el mismo sitio. El porcentaje de origen nos da las pistas clave para saber donde poner el foco:
- Testosterona total y testosterona libre (TL):
Si la testosterona en sangre está alta (>50ng/dL), nos orienta hacia una afectación ovárica.
Esto es porque el ovario produce el 60% del total de forma directa, mientras que la glándula adrenal apenas produce el 5%.
- DHEA-S (Sulfato de dehidroepiandrosterona):
Si lo encuentras en el tercio superior de los rangos o abiertamente elevada para su edad, la glándula adrenal probablemente esté dominando el cuadro.
El DHEA-S se produce en un >95% exclusivamente en las glándulas adrenales.
Indica un perfil muy vinculado a la herencia poligénica, la estimulación por la ACTH (corticotropina) y una alta reactividad biológica al estrés del ritmo de vida, etc.
- Androstenediona:
Es el marcador menos concluyente ya que se produce en un 60% por el ovario y en un 35% por la glándula adrenal.
Un valor >2.7ng/ml confirma el hiperandrogenismo, pero por sí sola no nos desvela qué glándula lidera el desorden.
Aunque a veces la bioquímica en sangre no muestre alteraciones del todo claras, merce la pena calcular el Índice de Andrógenos Libres (FAI) mediante la siguiente fórmula:
(Testosterona total (nmol/L) / SHBG (nmol/L)) x 100
Un resultado >4.5 es el que nos confirma el hiperandrogenismo bioquímico real.
2. SHBG (Globulina fijadora de hormonas sexuales)
El rango del laboratorio suele ser muy amplio (40-120 nmol/L), pero en consulta nos interesa que se encuentre en su rango óptimo: 80-120nmol/L.
Cuanto más alta esté la SHBG, menos hormonas sexuales quedarán libres circulando para “sabotear” los tejidos.
Como veremos a continuación, este valor se puede modular con la nutrición, pero recuerda: no se puede valorar si la paciente toma anticonceptivos orales.
3. Hormona Antimülleriana (AMH)
Tiene sentido valorarla como un excelente diagnóstico diferencial frente a la Amenorrea Hipotalámica Funcional (AHF). Eso sí, a partir de los 20 años, ya que en la pubertad suele salir elevada de forma fisiológica.
En el SOMP suele presentarse elevada (>3.4-4 ng/ml) y estos niveles altos de AMH agravan el hiperandrogenismo porque frenan la actividad de la aromatasa en las células de la granulosa, bloqueando el impacto de la FSH.
Importante: medir la AMH no es un marcador válido para medir la reserva ovárica real en mujeres con SOMP, ya que este contexto la falsea por completo.
4. Equilibrio de gonadotropinas (Ratio LH / FSH)
Una tendencia donde la LH sea mayor que la FSH (especialmente si el ratio es >2) delata una sobreestimulación constante sobre las células de la teca para la producción de andrógenos.
Buscaremos la analítica hecha en la fase folicular temprana (días 3 a 5 del ciclo).
5. Insulina basal y perfil metabólico:
La glucosa no es un marcador fiable de salud metabólica en el SOMP, ya que la glucemia puede mantenerse normal a costa de una sobreesfuerzo por parte del páncreas. El índice HOMA es útil pero puede dar un resultado normal pese existir una hiperinsulinemia subyacente.
La insulina basal es el marcador más útil para el diagnóstico y seguimiento (idealmente: medición basal y control anual). Nos ayuda a conocer el impacto metabólico, o si ya estamos yendo por buen camino en el control de la hiperinsulinemia.
Concretamente, nos interesa que la insulina basal esté por debajo de 7-8 u/ml. Si supera esta cifra, la hiperinsulinemia ya está participando activamente en el ovario, estimulando la producción de andrógenos y limitando la maduración folicular. Hay que valorar la insulina basal independientemente de si hay una Resistencia a la Insulina (RI) diagnosticada formalmente (por ejemplo, por un aclaramiento lento de la hormona).
Diferenciar si estamos ante un SOMP metabólico o no metabólico delimitará con precisión nuestro margen de influencia a través de la alimentación.
Abordaje terapéutico del SOMP: Estilo de vida como primer línea
En consulta, la inercia nos empuja a cuadrar macros, pero si no estabilizamos primero los ritmos circadianos y la masa muscular, cualquier planteamiento nutricional se quedará a medio gas.
Como vimos antes, el estilo de vida es el interruptor molecular que modifica la expresión de la patología, pero su prioridad cambia según el perfil:
- En el SOMP no metabólico (adrenal) la prioridad es la cronobiología y el descanso para desactivar el estrés central del eje HPA.
- En el SOMP metabólico el pilar base será asegurar el entrenamiento de fuerza para restaurar la sensibilidad insulínica.
El papel de la cronobiología y el eje HPA
A veces nos olvidamos de lo conectado que está el descanso con la función del ovario, pero el hipotálamo es un auténtico reloj biológico que reacciona a cualquier estresor. En mujeres con SOMP, este reloj suele ir descoordinado. Como detalla una revisión reciente publicada por Anderson (2024) en Frontiers in Bioscience, estas pacientes muestran un aplanamiento drástico en la curva de melatonina nocturna (que debería tener su pico entre las 3:00 y las 4:00 de la mañana) mientras que el cortisol basal se queda peligrosamente elevado.
Esta cronodisrupción impacta mediante tres vías:
- El cortocircuito de la GnRH:
Dormir poco o con horarios irregulares mantienen el eje HPA sobreestimulado. Ese exceso de cortisol viaja al cerebro y acelera los pulsos de la GnRH, obligando a la hipófisis a fabricar un exceso de LH a costa de dejar la FSH por los suelos.
- El binomio melatonina-insulina:
La melatonina se concentra en el líquido folicular para proteger al óvulo del estrés oxidativo. Si falta, empeora la calidad del ovocito y se agrava la resistencia a la insulina periférica.
- La amplificación matutina de la 11B-HSD1
Para colmo, el desajuste circadiano eleva por la mañana la actividad de la enzima 11B-HSD1 en el tejido adiposo. Esta enzima reactiva el cortisol localmente en la grasa visceral, lo que explica por qué muchas pacientes se levantan con una resistencia a la insulina y un estado inflamatorio agudizado a primeras horas del día.

Ahora bien… ¿Qué podemos hacer en consulta? Lo primero es quitar el foco de los suplementos, pues no sirven de nada si los horarios son un caos. El objetivo será generar rutinas para que nuestros hábitos sean la principal herramienta:
- Crononutrición: Consiste en adelantar la cena, reducir su volumen digestivo y dejar de lado la cafeína en la segunda mitad del día.
Fisiológicamente, para entrar en un sueño profundo la temperatura del cuerpo tiene que bajar. Si mantenemos una cena copiosa o muy tardía, el cuerpo se pone a hacer la digestión, la temperatura no baja y el sueño se fragmenta.
- Rituales de higiene del sueño: La idea es intentar que la paciente bloquee la luz azul de las pantallas un rato antes de acostarse (cambiándola por otras acciones, como lectura, meditación o un baño tibio para bajar pulsaciones). También buscar un dormitorio oscuro, fresco y silencioso. Otro punto que puede ayudar es el de exponerse a la luz natural del día por las mañanas cuando esto sea posible
Tras corregir esto, podemos buscar apoyo también en la suplementación. Hablaremos sobre ello más adelante.
Entrenamiento de fuerza y masa muscular
Si la cronobiología nos ayuda a calmar el sistema nervioso central, el entrenamiento de fuerza y la masa muscular son la principal llave para solucionar el desorden metabólico e inflamatorio del SOMP.
En el perfil metabólico, la inflamación y la grasa visceral pueden limitar la función de los receptores de insulina, actuando como amplificador clínico que facilita la manifestación del síndrome en 7 u 8 de cada 10 mujeres.
La estrategia tradicional solía ser recortar los carbohidratos, sin embargo, esto puede ser peligroso, sobre todo en mujeres deportistas, porque puede estresar aún más el eje HPA por baja disponibilidad energética. Por eso, parte de la solución está en potenciar el sumidero que lo consume.
La contracción mecánica durante el entrenamiento de fuerza activa la vía de la AMPK, la cual desplaza los transportadores GLUT4 hacia la superficie de la célula. Esto significa que el músculo abre sus compuertas para absorber la glucosa circulante de forma inmediata, sin necesidad de que intervenga la insulina.
Al ganar masa muscular activa, aumentamos tanto el número de mitocondrias como la capacidad de almacenar glucógeno, lo cual contribuye a que la paciente mejore su flexibilidad metabólica.
Al conseguir que la insulina baje, liberamos automáticamente la producción hepática de SHBG (la proteína que atrapa los andrógenos) y le quitamos al ovario el estímulo que lo obligaba a fabricar testosterona en exceso.
Abordaje nutricional integral: más allá de los macros
Aquí el éxito no depende de contar macros, sino de elegir alimentos capaces de modular la insulina y los andrógenos. Vamos por partes:
Gestión de la carga glucémica
Gestionar bien la carga glucémica es el núcleo principal del abordaje nutricional. La clave en el SOMP no es eliminar los carbohidratos, sino saber cuándo ponerlos, sobre todo en mujeres que practican deporte.
Caer en la simplificación de eliminar el pan o los cereales para sustituirlos sistemáticamente por verduras o tubérculos es un error, pues compromete el rendimiento, vacía los depósitos de glucógeno y cronifica la disfunción del eje HPA por baja disponibilidad energética.
La verdadera gestión de la carga glucémica de precisión se basa en dos pilares:
- Sinergia en el plato: No se trata de prohibir el arroz o el pan, sino de asegurar que cuando se consuman, vayan integrados en una matriz rica en fibra, grasa saludable y proteína. Esta combinación ralentiza la velocidad de vaciado gástrico y reduce el índice glucémico global del plato, transformando lo que sería un pico agudo de insulina en una curva aplanada y fisiológicamente gestionable.
- Flexibilidad según el tipo de hidrato: En lugar de demonizar grupos de alimentos, seleccionamos las opciones con menor impacto insulínico (como cereales integrales de grano entero, legumbres o tubérculos cocidos y enfriados para generar almidón resistente) para los momentos de menor actividad, reservando los hidratos de absorción más rápida para el post-entrenamiento inmediato, donde la translocación de los GLUT4 nos permite absorber esa glucosa de forma limpia.
Al modular la carga glucémica desde la matriz y no desde la restricción, logramos que el páncreas trabaje sin estrés. De esta manera, le quitamos al ovario el estímulo que lo obliga a fabricar testosterona de más, sin que la atleta pierda rendimiento.
Planificar todo esto se puede hacer eterno si se hace a mano. Por suerte, el software de Indya nos permite agilizar muchísimo este proceso ya que nos permite distribuir los grupos de alimentos de forma estratégica a lo largo del día, controlando la proporción de macronutrientes por comida, la cantidad de hidratos de carbono por ingesta y visualizando el aporte total de fibra diarios.
Periodización nutricional: ¿Cómo podemos integrar esto en el software de INDYA?
Al programar las sesiones de entrenamiento en el software, podemos sincronizar los hidratos con el entrenamiento. El software nos permite adaptar en tiempo real la cantidad de hidratos de carbono durante le día y en torno al entrenamiento, aprovechando que el músculo está totalmente abierto para absorber esa glucosa sin necesitar insulina.
El papel de la proteína y la fibra a nivel hormonal
Cuando la paciente consume carbohidratos aislados, la glucosa en sangre se dispara y el páncreas responde con un pico masivo de insulina. No obstante la proteína y la fibra son el freno metabólico directo contra la hiperinsulinemia compensatoria.
Por un lado, la fibra ralentiza el vaciado gástrico y retrasa la absorción de los azúcares en el intestino, transformando un pico de glucosa en una curva suave. Una estrategia clínica brutal es meter entre 5 y 10 g de fibra en el desayuno combinada con 10-15 g de proteína y líquido. Este combo ayuda a modular el hambre durante todo el día, y hay estudios que indican que puede ir reduciendo de forma inconsciente hasta 200 kcal la ingesta diaria gracias a la saciedad.
Por otro lado, será positivo incrementar el porcentaje de proteína respecto a las calorías totales. No solo por la masa muscular, sino porque este macronutriente estimula la secreción de péptidos intestinales (como la CCK y el GLP-1) que mejoran la saciedad, eleva la termogénesis postprandial y evita que la insulina se eleve en exceso y estimule a las células de la teca ovárica.
Grasas saludables y síntesis de SHBG
Cuando en una analítica vemos la SHBG baja, la consecuencia es que aumenta la fracción libre de las hormonas sexuales en sangre. Ojo, porque esto no siempre se traduce en síntomas visibles como acné, vello o caída capilar. Al final, la SHBG es el auténtico termómetro de la salud hepática y metabólica de la paciente.
Fisiológicamente, la insulina alta es el verdadero enemigo de la SHBG. Cuando el páncreas segrega demasiada insulina de forma crónica, esta viaja al hígado y reduce de forma muy notable la fabricación de esta proteína. Por eso, el objetivo de pautar grasas de calidad no es subir la SHBG por arte de magia, sino usarlas como una herramienta que actúa a nivel celular en el hígado por dos vías complementarias:
- Activación genética directa: Los ácidos grasos poliinsaturados, especialmente los omega-3, actúan como llaves moleculares que se unen directamente a los receptores del hígado para reactivar de forma directa el gen de la SHBG.
- Reparación de membranas celulares: las grasas poli y monoinsaturadas (como el AOVE y el aguacate), devuelven la fluidez a las membranas de las células hepáticas, lo que mejora el funcionamiento de los receptores de insulina que estaban dañados.
Lo que conseguimos con las grasas saludables es que el hígado vuelva a ser sensible a la insulina. En cuanto el páncreas se relaja y la insulina basal baja, el hígado se libera y vuelve a producir la SHBG que necesitamos para «atrapar» ese exceso de hormonas libres y recuperar el equilibrio.
El abordaje clínico del acné en el SOMP
El acné es la manifestación cutánea del hiperandrogenismo. En consulta, debemos saber que nace de la combinación de 4 mecanismos patológicos que se retroalimentan: el aumento de sebo, la queratinización del poro, la disbiosis bacteriana en la piel y el daño estructural que genera la inflamación.
Desde el plato, hay tres disparadores directos que podemos frenar con pequeños cambios:
- Priorizar lácteos enteros frente a desnatados: Al quitarles la grasa, aumenta drásticamente su respuesta insulinotrópica. Estimulan mucho más la insulina y el IGF-1 (que disparan el sebo), por lo que en el SOMP no interesan en absoluto.
- Cuidado con los azúcares y la carga glucémica: Los hidratos refinados o una mala gestión de la carga glucémica elevan la insulina, activando la vía mTORC1 que tapona el poro y fabrica más grasa cutánea.
- Reduce grasas saturadas proinflamatorias: El exceso de grasas de mala calidad vuelve el sebo más espeso y denso, facilitando la infección
Los 3 alimentos comodín con respaldo científico: canela Ceylán, vinagre de manzana y semillas molidas
Existen tres herramientas alimentarias muy fáciles de introducir en el día a día.Desde el software de Indya las podemos incluir de forma totalmente personalizada.
Canela Ceylán
Contiene polímeros de metilhidroxicalcona, unos compuestos que actúan como mimetizadores de la insulina, mejorando la señalización del receptor y facilitando la entrada de glucosa al músculo de forma natural. Añadir una cucharadita diaria en los platos es un apoyo excelente para la sensibilidad insulínica.
Eso sí, merece la pena que sea canela de la variedad Ceylan, por su seguridad a nivel hepático.
Vinagre de manzana
El ácido acético es un potente inhibidor temporal de las disacaridasas (las enzimas que rompen los hidratos en el intestino) y retrasa el vaciado gástrico. Tomar una cucharada de vinagre de manzana diluida en un vaso de agua unos 10-15 minutos antes de la comida más alta en carbohidratos reduce el pico de glucosa postprandial hasta en un 30%, aliviando el trabajo del páncreas.
Protocolo de semillas molidas
La evidencia clínica respalda el uso de 30g diarios de semillas de lino molidas de forma continua durante 12 semanas. Es una estrategia a valorar para enriquecer en fibra los desayunos (por ejemplo, en un porridge o un yogur). Este protocolo ha demostrado en ensayos clínicos una reducción del índice HOMA-IR, la insulina basal, los triglicéridos y marcadores de inflamación como la PCR y la leptina, además de mejorar los niveles de adiponectina.
Es imprescindible consumirlas molidas, si se toman enteras, la capa externa impide que absorbamos sus nutrientes y se expulsan tal cual.
Suplementación con criterio clínico para el SOMP
La suplementación en el SOMP nunca debe ser un disparo a ciegas. Cada compuesto debe pautarse por un motivo, dirigido a una diana fisiológica específica según cual sea el contexto de nuestra paciente.
La diana metabólica: Mioinositol y berberina
Nos enfocamos en mejorar la sensibilidad periférica a la insulina y restaurar la señalización de la FSH en el ovario.
Inositol
Actúa como segundo mensajero celular. En el SOMP, la hiperinsulinemia hace que el folículo transforme el mioinositol (MI) en chiroinositol (DCI), dañando la maduración del óvulo. Buscamos restablecer el ratio óptimo priorizando el MI.
Tip: Frutos secos y semillas aumentan el inositol endógeno por el ácido fítico.
Protocolo: 2 g/día de Mioinositol en polvo durante mínimo 3 meses. Útil en ciclos irregulares si hay respuesta folicular básica (no funciona en amenorreas hipofisarias severas).
Berberina (Berberis aristata):
Comparte con la metformina la capacidad de activar la vía AMPK, pero con matices propios. Mientras la metformina frena de forma drástica la producción de glucosa en el hígado, la berberina destaca por mejorar la sensibilidad periférica (muscular), aumentando la expresión de receptores de insulina y acelerando la captación de glucosa. Además, aporta un beneficio extra en el perfil lipídico al inhibir la proteína PCSK9 (reduciendo triglicéridos y LDL) y actúa de forma directa en el ovario reduciendo la inflamación y frenando la cascada enzimática que fabrica andrógenos.
Protocolo: 500 mg, 2-3 veces/día con las comidas. Dado que es astringente (puede dar estreñimiento), una buena estrategia sería descansar 2 días a la semana (findes) para reducir costes, evitar la adaptación celular y mejorar la adherencia.
La diana androgénica e inflamatoria: zinc, resveratrol y omega-3
Buscamos bloquear la producción excesiva de andrógenos y dar soporte a la función del cuerpo lúteo.
Zinc
Mineral pro-progesterona para equilibrar el ciclo, aunque la respuesta es muy individual.
Dosis de más de 15 mg/día pueden generar molestias gástricas.
Tomar siempre con una comida principal (nunca en ayunas) para evitar náuseas y molestias gástricas. Mejor evitar combinarlo en la misma toma con altas dosis de calcio, hierro o café/té para no comprometer su absorción. Si se mantiene más de 3 meses, vigilar el estado del cobre para evitar carencias por competencia.
Resveratrol
No es un simple antioxidante, pues actúa como un modulador endocrino. Inhibe de forma directa la expresión del gen CYP17A1 en las células de la teca del ovario, bloqueando la enzima clave que fabrica los andrógenos. Es una diana fantástica para frenar el hiperandrogenismo bioquímico y, de paso, activa las sirtuínas (SIRT1), mejorando la sensibilidad a la insulina.
Su efecto es inmediato, por lo que si se deja de tomar, desaparece el beneficio.
Protocolo: 100-200 mg/día de Trans-Resveratrol (la forma activa y más biodisponible). Al ser un compuesto de baja absorción y rápido metabolismo, funciona mucho mejor si se pauta dividido en dos tomas al día junto con comidas que contengan algo de grasa para mejorar su absorción. El tratamiento estándar en clínica suele ser de 3 meses antes de valorar cambios analíticos.
Diana neuroendocrina y eje HPA: Ashwagandha, melatonina y magnesio
Intervenimos para reducir la sobreestimulación de las glándulas suprarrenales, regular el cortisol y proteger el folículo del estrés oxidativo.
Ashwagandha:
La ashwagandha es un daptógeno fantástico para modular la respuesta al estrés crónico. Reduce el cortisol basal y calma el eje HPA, evitando que el estrés sabotee el ciclo.
Protocolo: 600-1200 mg/día, exigiendo la patente KSM66 (5% de principio activo estandarizado).
Va genial descansar los fines de semana para evitar la adaptación del organismo y abaratar el tratamiento.
Melatonina:
Sincroniza los ritmos circadianos y actúa como el antioxidante más potente dentro del propio folículo ovárico, mejorando la calidad del ovocito.
Protocolo: Para regular el reloj biológico bastan 0,3 mg a 1 mg/día.
La melatonina empeora temporalmente el uso de la glucosa, por lo que cenar tarde, en cantidad, y meter el suplemento justo después no tiene sentido clínico. Para que sea efectiva sin alterar el metabolismo, lo ideal es pautarla unas 9 horas antes de la hora de despertarse. Si la paciente se levanta fatigada es señal de que todavía hay sustancia circulando en sangre y hay que ajustar la dosis o adelantar la toma.
Bisglicinato de Magnesio:
Ayuda a calmar el sistema nervioso central, reduce los efectos del estrés crónico sobre el organismo y optimiza la calidad del sueño profundo.
Protocolo: 300-400 mg de magnesio elemental al día, pautado preferiblemente por la noche para aprovechar su efecto relajante muscular y central.
Diana reguladora del eje HHG: Vitex agnus-castus y Rhodiola rosea
Buscamos restablecer la comunicación limpia entre el cerebro y el ovario cuando el ciclo está bloqueado.
Vitex (Vitex agnus-castus)
Ayuda a modular la función hipofisaria. Se une a los receptores de dopamina en la pituitaria para frenar la prolactina (que sube con el estrés) y regular los pulsos de LH. Esto facilita la maduración del folículo y mejora la producción de progesterona, recuperando ciclos perdidos o alargando fases lúteas cortas. Por lo tanto, es útil en SOP con alta irregularidad menstrual, pero su evidencia es limitada y no tiene ningún impacto metabólico ni sobre la insulina.
Protocolo: 300-400 mg/día de extracto seco estandarizado (0.5-0.6% de agnusidos), tomado por la mañana en ayunas durante mínimo 2-3 meses.
Está contraindicado si la LH ya está disparada en la analítica (patrón común en SOMP severo), ya que puede empeorar el bloqueo ovulatorio. Valora su uso sólo con LH normal/baja y prolactina tirando a alta.
Rhodiola rosea
Se trata de otro adaptógeno clave que mejora la resistencia física y mental ante el estrés. Al evitar que el cerebro interprete el entrenamiento o el día a día como una amenaza constante, permite que las pulsaciones de la GnRH recuperen su ritmo natural para que la ovulación vuelva a suceder.
Protocolo: 200-400 mg/día de extracto seco, asegurando que esté estandarizado a un 3% de rosavinas y un 1% de salidrósidos (los principios activos que garantizan su efecto).
Al igual que con otros adaptógenos, mejor descansar los fines de semana para evitar la tolerancia del receptor y optimizar el tratamiento.
Conclusión
Como vemos, el cambio de SOP a SOMP no es solo un baile de siglas, sino una revolución clínica que nos da a los nutricionistas un papel protagonista en el tratamiento.
El reto de integrar toda esta neuroendocrinología en el día a día puede parecer abrumador, pero apoyarnos en la tecnología del software de INDYA nos permite traducir esta ciencia en pautas reales, precisas y transformadoras para nuestras pacientes.
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